martes

Federico Beltrán Masses - Pintura


Federico Beltrán Masses

Cuba

Pintor Español

1885-1949


Estudió con el pintor Sorolla en l'École des Beaux-Arts de Barcelona y en 1905, estudió el arte español y europeo en el Museo del Prado, Madrid. 
En 1916, recibió el reconocimiento de la Société Nationale des Beaux-Arts de París y siguió viviendo en esa ciudad durante varios años.

Beltrán Masses ganó varios premios en los Estados Unidos, Bélgica, Italia y la India y más tarde se hizo cargo de la Exposition Hispano-français des Beaux-Arts en 1919.

En 1920, expuso una exótica Salomé en la Bienal de Venecia, obra ahora ubicada en el Museo de Art Decó y Art Nouveau Casa Lis de Salamanca, España. 

En 1924 recibió el premio de la Orden de Isabel la Católica.

Beltrán Masses murió en 1949 en Barcelona, España.


Chico de calcetines negros.

Vía: Flickr

"Biblioteca Gustavo Riccio"

lunes

El Famoso Filósofo David Hume - Documental

David Hume

Edimburgo,  Escocia.

Filósofo, economista, sociólogo e historiador.

1711 –1776


















Citas de Hume

"Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias."

"Barbarie y arbitrariedad: tales son los atributos, aunque se los disimule con otros nombres, que constituyen, según podemos ver en todas partes, el carácter dominante de la Deidad para las religiones populares."


"Cada solución da pie a una nueva pregunta..."

"... el autodominio de la mente es limitado, como lo es su dominio del cuerpo."

"El hombre es el mayor enemigo del hombre."


"El hombre es un ser racional y continuamente está en busca de la felicidad que espera alcanzar mediante la gratificación de alguna pasión o sentimiento. Rara vez actúa, habla o piensa sin una finalidad o intención."


"El trabajo y la pobreza, tan aborrecidos por todo el mundo, son el destino seguro de la gran mayoría."


"En general hay un grado de duda, de cautela y modestia que, en toda clase de investigaciones, debe acompañar siempre al razonador cabal."


"La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla."

"La costumbre es, pues, gran guía de la vida humana."

"La naturaleza es siempre demasiado fuerte para la teoría."

"La naturaleza mantendrá siempre sus derechos y, finalmente, prevalecerá sobre cualquier razonamiento abstracto."


"Sé filósofo... pero en medio de toda tu filosofía, sé hombre."

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Opción 1

Documental. La Aventura del Pensamiento sobre David Hume por Fernando Savater. 

El famoso filósofo David Hume. 

Duración: 27 minutos. 


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Opción 2

El famoso filósofo David Hume. 

Duración: 27 minutos. 



Citas acerca de Hume

"Rousseau estaba loco, pero fue muy influyente; Hume era cuerdo, pero no tuvo seguidores."

Bertrand Russell


"En cada página de David Hume hay más para aprender que en las obras completas de Hegel, Herbart y Schleiermacher."

Arthur Schopenhauer


                                                                                                                   _ _ _    

"Biblioteca Gustavo Riccio"


jueves

Milena Sidorova - Ballet - Danza



Milena Sidorova

Balirina - Coreógrafo

Ucrania


















Milena Sidorova
Solista, Ballet Nacional de Holanda

Comenzó a bailar a la edad de tres años y profesionalmente entrenado desde las ocho, estudió durante seis años en la Escuela Coreográfica Estatal de Kiev y después 
de ganar la beca del Prix de Lausanne - en el Royal Ballet School de Londres, que se graduó en 2005 con honores.
A la edad de 13 años ha ganado 2 º Premio del Concurso Internacional de Artek, un año más tarde recibió el Gran Premio, en la edad de 14 años como la competidora más joven del Concurso Internacional de Ballet de Moscú recibió el 3er Premio, también Premio de Prensa y el Premio Grishko. En el 15 Prix de Lausanne recibió becas y el Premio Des Téléspectateurs.
Unos pocos meses más tarde recibió en Ucrania el  Premio Nacional  "Llamas de Prometeo" y el título a Persona del  Año en la nominación de Jóvenes Talentos de Ucrania.
En los años venideros recibido varios premios y becas como el 1er lugar en el International Youth Festival Ballet de Kiev, la beca en la competencia Reuseta Mauri (España) y el Premio Arnold Haskell (Londres).
Iniciada en la coreografía a la edad de 13 ("La Araña"), después de un éxito inmediato. persistió en esta dirección y realizó varias otras obras como "Luna Llena" (2001), "La cruda realidad" (2002), "Kostadinka" ( 2008), "Etude para la pierna izquierda" (2009), "El enigma de la realidad" (2009)
Recibió los siguientes premios en coreografía: Serge Lifar 2002 Concurso Internacional (Diploma para el Talento de la Juventud); 2004 Ursula premio coreográfico Moreton (3 º Lugar); 2004 Premio al Desarrollo Coreográfico.















Sleeping Beauty Fairy variation (5)

Duración 1 minuto



Sleeping Beauty Fairy variation (2)

Duración 0.39 segundos



The Spider - (La Araña)

Duración 1,20 minuto



"Biblioteca Gustavo Riccio"

miércoles

De-presión Por Noé Jitrik - Intelectuales


"Kafka y Rulfo optaron por el silencio, Nietzsche por la demencia. Borges, en apariencia, no cayó nunca en la depresión."















De-presión


Hace unos años, evocando la figura y el tránsito hacia el más allá de José Luis González –un extraordinario escritor puertorriqueño y gran amigo–, hice algunas reflexiones sobre la depresión que lo había afectado fuertemente y que relacioné entonces con la que había padecido un tiempo antes William Styron. En ambos casos, en la instancia de un reconocimiento perseguido durante décadas, de premios y gratificaciones, uno y otro desfallecieron, el ánimo se les derrumbó de manera estrepitosa y el color gris predominó hasta en sus cuerpos que, sensibles a la depresión, empezaron a decaer hasta, en el caso de José Luis, la muerte. Styron sobrevivió, muchos otros lo deben haber hecho –la química ayuda mucho– y muchos otros deben haber sucumbido. Kafka y Rulfo optaron por el silencio, Nietzsche por la demencia. Borges, en apariencia, no cayó nunca en la depresión. ¿Cuántos artistas habrá cuyos males fueron descriptos exteriormente, enfermedades súbitas, herencias incontrolables, accidentes imprevisibles, pero que acaso tuvieron origen en la depresión? El inventario queda abierto, tal vez algún arduo investigador llegue a determinar qué otros escritores y artistas integran esa cohorte.


Se trata de escritores, por cierto, pero es probable que este cuadro, en el momento del reconocimiento del tipo que sea, se presente con las mismas características en personas que no entregan su vida a la escritura o al arte en general; no lo sabemos, podemos, poniendo atención, advertirlo en esa persona antes locuaz y expresiva que entra en silencios profundos o bien en aquel que declara no poder dormir o en el que desaparece de la escena sin dar cuenta de sus paraderos o del que está harto de trabajar cuando poco lo ha hecho en toda su vida, o el jubilado que, privado de su rutina, empieza a padecer toda clase de malestares y enfermedades que antes nunca había tenido. Eso que se llama “la clínica”, tanto en el orden general como psiquiátrico, tendría algo que decir al respecto, aunque la realidad es tan abrumadora y pesada que la tarea de un recuento preciso queda y quedará indefinidamente relegada.


¿Por qué, entonces, en la modalidad de escritores y artistas? Freud, me parece, esbozó una respuesta cuando dijo que el escritor y el artista son el enfermo y el médico de sí mismos. Me parece un buen camino para tratar de responder y explicarlo a partir de lo que es posible ver, en lo que está al alcance de la propia experiencia o, más concretamente, de los propios sentimientos y temores. Enfermo porque está lleno de múltiples conflictos, como todo el mundo, pero de manera específica, movilizado por una pasión que se suma a ese relleno y que, movido por una fuerza rotatoria interna, exige una formulación que nada tiene que ver con una cura. Cuando puede dar cauce a esas fuerzas encontradas, a saber sus conflictos, su pasión y su respuesta al llamado que formula esa masa, y logra darle una forma reconocible como arte o literatura, aceptable como tal, y realzada porque emite una luz nueva y diferente, que se quiere además perfecta, y que ilumina la existencia de otros, se le habría abierto un camino de curación, haberlo podido hacer, entonces, lo convierte en ese médico postulado por Freud. Pero, dicho sea sin menoscabo de la sabiduría del maestro, tal curación no se produce por la simple razón de que los intentos prosiguen y la Obra se constituye a partir tanto de lo que se hizo como de lo que no se hizo todavía; si la curación llegara, o aun el simple alivio, no habría ninguna razón para seguir escribiendo o pintando o haciendo música.


En la instancia de una obra producida, el escritor y el artista solicitan atención, reconocimiento, recompensa y todos los bienes que se supone que una sociedad justa y sensible debe darle puesto que él le está dando a la sociedad algo valioso, un mensaje indirecto que le permitirá comprenderse a sí misma y percibir algún resplandor de su sentido. Es raro que eso, el reconocimiento, suceda cuando más se lo necesita o, si la necesidad no es tan grande, cuando la ansiedad lo exige, pero hay casos en los que sucede, es una suerte: el éxito, la fortuna, las ventas, los representantes, las editoriales, las galerías, la crítica, los viajes, los premios. Pero de ello no sacamos ninguna lección: ¿acaso no sabemos (¿quiénes?) que el impulso primario que llevó a escribir o a pintar o a componer tiene en todos los casos como fundamento una herida básica, un hueco al que se dirige con toda su fuerza el deseo, pero sabiendo que siempre habrá que volver, que no hay obra terminada ni gestión plenamente realizada? Y si la hay, provisoria y todo, debería tener como destino la perduración, la eternidad que sería, después de muerto quien la produjo, la recompensa máxima porque sería un pleno aunque por supuesto relativo triunfo sobre la muerte.


No es ésa, la de la satisfacción, lo que importa sino la otra vertiente, la de los que no obtienen ese reconocimiento, lo cual provoca una lenta disgregación de la confianza en sí mismo, un desgaste combatido con denuedo, a base de talento y obstinación y aun de reflexión acerca del lugar que ocupan los verdaderos valores y la fatuidad de los triunfos fáciles. Al final, a veces, el reconocimiento llega pero cuando quizá no haga falta y algunos, misteriosamente, en lugar de regocijarse y celebrarlo se deprimen, se desmayan, quisieran que ya nadie los convoque, si los dejaron de lado antes por qué ahora quitarlos de ese recinto conocido y seguro y llevarlos a la peligrosa zona del “fracaso del fracaso”, como dice algún psicoanálisis, siendo el primero la imposibilidad de llegar al hueso del sentido y el segundo la experiencia del cese de la expectativa de lograrlo.


Me pregunto por qué ocurre eso, por qué las voces halagadoras irritan los oídos de quienes ya estaban hechos al silencio, qué significa ese destiempo, ya no se sabe si es verdaderamente premio o castigo.


No es cómodo explicarlo y quizá ni haga falta hacerlo pero tampoco se puede vivir en el misterio ni aceptar la tragedia de quienes se suicidan justo cuando se los reconoce como si fuera algo natural y justificable por razones –médicas, caracterológicas, sociales– que nada tienen que ver con la escritura, la pintura o la música. Algo habrá en la índole de la opción por la escritura, la pintura o la música que si por un lado determina la feliz penuria del proceso por el otro, como un precio a pagar, conduce a un triste final.


Veámoslo de otro modo: en ese tránsito, escribir, pintar o componer o esculpir o representar o lo que sea, el agente está acompañado por un fantasma, la idea de que su labor es al mismo tiempo superflua y necesaria. Superflua porque bien puede un conjunto humano vivir y durar sin concederse los ambiguos placeres de la simbolización, hay sociedades enteras que lo hacen y, sin duda, hay grupos que viven felices sin literatura ni pintura ni música; en esas sociedades y esos grupos quienes escriben, pintan o componen son seres extravagantes que atentan contra el equilibrio interno que una existencia reducida a un presente infinito se propone lograr y mantener cueste lo que cueste. Y es necesaria porque sin ella la existencia, por más feliz que sea, no se entiende a sí misma, no comprende su pasado, no se proyecta a lo que la sensibilidad y la inteligencia pueden proporcionar.


¿Entonces? Los escritores y artistas están atrapados entre el claustro de la superfluidad y la corriente de la necesidad y si responden a ésta la presión de la otra los problematiza, se exaltan con la respuesta que son capaces de dar a la necesidad y creen que pueden desafiar a la superfluidad, pero no por ello son inmunes a la culpa que emana insidiosamente de la inalejable presencia de la superfluidad; pueden, incluso, así presionados y culpabilizados, sentir que en una existencia asimbólica reside la “verdadera vida” y que el desafío simbolizante es una fuga, la nube que se aleja de la tierra fértil y no se convierte nunca en lluvia.


Por cierto, estas oposiciones no son absolutas porque la sociedad que se quiere feliz a como dé lugar dispone no obstante de una cuota de reconocimientos y declaraciones celebratorias de algunos logros, sobre todo si prestan algún servicio, ya porque visten o decoran, ya porque solazan, ya porque enseñan, dimensión que aun la felicidad más plena admite y estimula.


De manera que cuando por fin esa cuota se derrama sobre alguno que había trabajado durante toda una vida contra viento y marea, puede precipitársele el sinsentido de toda su tarea en relación con ese coágulo afectivo que llamamos “verdadera vida”; sabe, mentalmente, civilizadamente, que no ha desperdiciado su ser en vanas e ilusorias empresas, pero siente que es protagonista y víctima de un equívoco: ese sentimiento se traduce en un desánimo profundo que en ocasiones, cuando el escritor o el artista había puesto demasiada carga afectiva en el reconocimiento y su pasión creadora lo había quemado y hecho revivir tantas veces, se convierte en incomprensible depresión para los demás e injustificable para él mismo, pero tan fuerte que el suicidio será una solución fluida, ya no preocuparse más por la verdadera vida frente a la poderosa verdadera muerte.


Noé Jitrik.
Escritor, crítico literario.
Buenos Aires. Argentina. 
1928

Publicado en el Diario Argentino "Página12": 

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-157853-2010-12-01.html

"Biblioteca Gustavo Riccio"


martes

Trío Wanderer - Franz Schubert - Música



Trío Wanderer es un trío de piano formado por tres músicos franceses formados en el "Paris Conservatoire National Supérieur de Musique".

Aclamado por su estilo extraordinariamente sensible, el entendimiento casi telepático del otro  y técnica maestría, el Trío Wanderer es una de las formaciones de cámara más importantes del mundo.

Vincent Coq: Piano
Jean-Marc Phillips-Varjabédian: Violín 
Raphaël Pidoux: Chelo

Jean-Marc Phillips-Varjabedian juega en un violín de Petrus Guarnerius (Venecia 1748). 

Raphaël Pidoux toca un violonchelo de Goffredo CAPPA (Saluzzo 1680)

En Viena Schubert llevó una vida bohemia rodeado de intelectuales, amante de las tabernas y de los ambientes populares, alejado de los salones y de la etiqueta nobiliaria. De este entorno procede el famoso término de schubertiadas: reuniones de artistas de todos los ámbitos que formaban un círculo brillante y animado dedicado a la música y a la lectura.


















Opción 1

Duración: 10 minutos


Schubert, Trío op. 100 - Andante con moto



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Opción 2

Duración: 10 minutos


Schubert, Trío op. 100 - Andante con moto



Sitio Web: www.triowanderer.fr

"Biblioteca Gustavo Riccio"

 
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